Lo que muchas veces sorprende luego del parto es que ese cuerpo que nos queda no es exactamente el de antes, es muy común la fantasía de que estaremos como antes, pero no. El útero tarda más de un mes en volver a su antigua dimensión, este proceso se acelera si la alimentación del bebé es a pecho, las caderas tardan más de tres meses en cerrarse, ya que se han abierto para permitir la expulsión del bebé conjuntamente con las contracciones.
Los pechos están inflamados por la lactancia y en un principio ese peso a veces nos obliga a estar menos derechas y hasta a padecer dolores de espalda. Todo esto va a ir mejorando, incluso los kilos que quedaron de más se van a ir perdiendo. El tema es que no estamos iguales pero lo bueno es entender que NO DEBERIAMOS ESTAR IGUALES. Esta diferencia no debería ser un problema si la tomáramos como parte de toda la situación. Hemos sido madres y esto nos hace ser bien diferentes en todos los aspectos, el cuerpo con sus modificaciones, no debería estar ajeno a esta transformación. Tener un hijo, sea el primero o no, es una experiencia única que se atraviesa desde el cuerpo, desde la cabeza y desde el corazón, tenemos que descreer de los modelos que nos muestran. Amigarse con el cuerpo tal como es en "ese momento",mirarse, cuidarse, es una buena actitud para estar bien con una, con el hijo y con los demás, no es el momento para la pasarela de los desfiles, es el momento para la pasarela del aprendizaje, y del descubrimiento. Los músculos abdominales y la piel volverán poco a poco a su tono normal, y con la ayuda de una alimentación balanceada y ejercicio, siempre y cuando el doctor te lo permita, irás recuperando tu forma.
#lomejordesermama